La amistad está en ti y no en los demás, si la cultivas en tu propio ser, encontrarás el gozo del amigo.
También entiende que el tiempo no delimita las amistades, tampoco las razas o las limitantes propias ni las ajenas.
el tiempo y la distancia no destruyen una amistad, son las dudas y los temores propios los que más la afectan.
Y cuando pierdes un amigo una parte de ti se va con él.
Las frases, los gestos, los temores, las alegrías e ilusiones compartidas en el capullo de la confianza se van con él.
Si tienes un amigo no pongas en tela de duda lo que es, pues sembrando dudas cosecharás temores.
No te fijes demasiado en cómo habla, cuánto tiene, qué come o qué hace, pues estarás poniendo en la vasija rota tu confianza.
Reconoce la riqueza de quien es diferente de ti y está dispuesto a compartir sus ideales y temores, pues esto alimenta el espíritu de supervivencia más que un buen platillo.
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