Yo quisiera ser tu sombra y acompañarte
en el camino por donde vayas,
bajo tu pie firme y elegante,
y tras tu paso seguirte mientras andas.
Yo quisiera ser tu boca y besarte
cuando se dibujen en ella las palabras,
en tu sonrisa bailar para alegrarte,
y dormir entre tus labios mientras callas.
Yo quisiera ser tus ojos y mirarte
en donde poses leve tu mirada,
en la niña de tus ojos enredarme
y encender en tu pupila llamaradas.
Quisiera ser tu manta y arroparte
cuando el frío se asome a la ventana,
templar desnuda tu piel y acariciarte,
y despertar contigo en la mañana.
Yo quisiera ser Amor y enamorarte
en cada mirada, cuando ríes y cuando callas,
ser el fuego de tu cuerpo y adosarme
al lado de tu sombra mientras andas.
Saturday, March 15, 2008
Caminando junto al rio - Irene Martinez Moreno
Caminando junto al río, mi vida en él vi pasar,
no eran todo luces y alegrías, sino también un gran pesar.
Mis más frías madrugadas no dejaban al sol entrar
que esperaba a cada hora para hacerme levantar.
¡No gimas más mi Sol que no te saldré a buscar!
¡Aquí decidí quedarme y prender fuego a mi corazón,
que está triste y solo porque perdió el AMOR!
Y el Sol pidió ayuda al viento y el Viento lo hizo al Mar,
y rompieron los ventanales que cercaban mi soledad.
Como tres raudas palomas me entraron a despertar,
desgarrando los negros velos que me cegaban ya.
Fue como un rayo de Luna que deslumbra sin quemar,
fue como una ola y espuma refrescando el paladar.
Y apareció un gran caballero ,gentil como nadie más,
con su armadura cubierta de Viento, de Sol y también de Mar.
Cogióme por el brazo con dulzura y sin pesar,
susurrándome al oído que no debía llorar más,
que lucharía con mil demonios para hacerme llegar
la felicidad más grande que pudiera imaginar.
Abrióme su corazón y el resplandor de su alma,
derritiendo sin control las consignas de mi guarda,
penetrando hasta mi ser y arrancando esa sonrisa
que tantas veces deseé borrar dejando de ser yo misma.
no eran todo luces y alegrías, sino también un gran pesar.
Mis más frías madrugadas no dejaban al sol entrar
que esperaba a cada hora para hacerme levantar.
¡No gimas más mi Sol que no te saldré a buscar!
¡Aquí decidí quedarme y prender fuego a mi corazón,
que está triste y solo porque perdió el AMOR!
Y el Sol pidió ayuda al viento y el Viento lo hizo al Mar,
y rompieron los ventanales que cercaban mi soledad.
Como tres raudas palomas me entraron a despertar,
desgarrando los negros velos que me cegaban ya.
Fue como un rayo de Luna que deslumbra sin quemar,
fue como una ola y espuma refrescando el paladar.
Y apareció un gran caballero ,gentil como nadie más,
con su armadura cubierta de Viento, de Sol y también de Mar.
Cogióme por el brazo con dulzura y sin pesar,
susurrándome al oído que no debía llorar más,
que lucharía con mil demonios para hacerme llegar
la felicidad más grande que pudiera imaginar.
Abrióme su corazón y el resplandor de su alma,
derritiendo sin control las consignas de mi guarda,
penetrando hasta mi ser y arrancando esa sonrisa
que tantas veces deseé borrar dejando de ser yo misma.
Sunday, March 09, 2008
MISS X - J. Sabines -extracto-
Miss X, sí, la menuda Miss Equis,
llegó, por fin, a mi esperanza:
alrededor de sus ojos,
breve, infinita, sin saber nada.
Es ágil y limpia como el viento
tierno de la madrugada,
alegre y suave y honda
como la hierba bajo el agua.
Se pone triste a veces
con esa tristeza mural en su cara
hace ídolos rápidos
y dibuja preocupados fantasmas.
Yo creo que es como una niña
preguntándole cosas a una anciana,
Tiene también una mujer madura
que le asusta de pronto la mirada
y se le mueve dentro y le deshace
a mordida de llanto las entrañas.
Miss X, sí, la que me ríe
y no quiere decir cómo se llama,
Yo la dejo que mueva la cabeza
diciendo no y no, que así se cansa,
y mi beso en su mano le germina
bajo la piel en paz semilla de alas.
El pelo le cayó sobre la frente,
sobre sus ojos, mi alma.
La tomé de la mano, y anduvimos
toda la tarde de agua.
¡Ah, Miss X, escondida
flor del alba!
llegó, por fin, a mi esperanza:
alrededor de sus ojos,
breve, infinita, sin saber nada.
Es ágil y limpia como el viento
tierno de la madrugada,
alegre y suave y honda
como la hierba bajo el agua.
Se pone triste a veces
con esa tristeza mural en su cara
hace ídolos rápidos
y dibuja preocupados fantasmas.
Yo creo que es como una niña
preguntándole cosas a una anciana,
Tiene también una mujer madura
que le asusta de pronto la mirada
y se le mueve dentro y le deshace
a mordida de llanto las entrañas.
Miss X, sí, la que me ríe
y no quiere decir cómo se llama,
Yo la dejo que mueva la cabeza
diciendo no y no, que así se cansa,
y mi beso en su mano le germina
bajo la piel en paz semilla de alas.
El pelo le cayó sobre la frente,
sobre sus ojos, mi alma.
La tomé de la mano, y anduvimos
toda la tarde de agua.
¡Ah, Miss X, escondida
flor del alba!
ME TIENES EN TUS MANOS...
Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío
ME DUELES
Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza. Córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.
Entre los escombros de mi alma, búscame,
escúchame.
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama,
pide tu asombro, tu iluminado silencio.
Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.
¡Qué claridad de rostro, qué ternura
de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!
Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.
Toma mi cabeza. Córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.
Entre los escombros de mi alma, búscame,
escúchame.
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama,
pide tu asombro, tu iluminado silencio.
Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.
¡Qué claridad de rostro, qué ternura
de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!
Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.
Wednesday, March 05, 2008
Gerardo Diego - extracto
Un día y otro día y otro día.
Poderte ver, saber que andas tan cerca,
que es probable el milagro de la suerte.
Y el corazón y el cálculo y la brújula,
fracasando los tres. No hay quien te acierte.
Miércoles, jueves, viernes, no encontrarte,
no respirar, no ser, no merecerte.
Desesperadamente amar, amarte
y volver a nacer para quererte.
Sí, nacer cada día. Todo es nuevo.
Nueva eres tú, mi vida, tú, mi muerte.
Andar a tientas (y era mediodía)
con temor infinito de romperte.
Oír tu voz, oler tu aroma, sueños,
ay, espejismos que el desierto invierte.
Pensar que tú me huyes, me deseas,
querrías encontrarte en mí, perderte.
Dos barcos en la mar, ciegas las velas.
¿Se besarán mañana sus estelas?
Poderte ver, saber que andas tan cerca,
que es probable el milagro de la suerte.
Y el corazón y el cálculo y la brújula,
fracasando los tres. No hay quien te acierte.
Miércoles, jueves, viernes, no encontrarte,
no respirar, no ser, no merecerte.
Desesperadamente amar, amarte
y volver a nacer para quererte.
Sí, nacer cada día. Todo es nuevo.
Nueva eres tú, mi vida, tú, mi muerte.
Andar a tientas (y era mediodía)
con temor infinito de romperte.
Oír tu voz, oler tu aroma, sueños,
ay, espejismos que el desierto invierte.
Pensar que tú me huyes, me deseas,
querrías encontrarte en mí, perderte.
Dos barcos en la mar, ciegas las velas.
¿Se besarán mañana sus estelas?
Elegía para mí y para ti
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y tú te irás borrando lentamente de mi sueño.
Un año y otro año caerán como hojas secas
de las ramas del árbol milenario del tiempo,
y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
se alejará en la sombra creciente del recuerdo.
II
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca soñaste mas que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.
III
Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré quizás: " Qué linda es todavía."
Tú quizás pensarás: " Se está poniendo viejo "
Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.
O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.
IV
Y seguirá muriendo la vida, año tras año,
igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti un instante, pero cada vez menos....
V
Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Yo ya te habré olvidado definitivamente
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
(Y quizás, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.)
VI
Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.
Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
Y cada primavera renacerán las rosas,
aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
y tú te irás borrando lentamente de mi sueño.
Un año y otro año caerán como hojas secas
de las ramas del árbol milenario del tiempo,
y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
se alejará en la sombra creciente del recuerdo.
II
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca soñaste mas que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.
III
Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré quizás: " Qué linda es todavía."
Tú quizás pensarás: " Se está poniendo viejo "
Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.
O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.
IV
Y seguirá muriendo la vida, año tras año,
igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti un instante, pero cada vez menos....
V
Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Yo ya te habré olvidado definitivamente
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
(Y quizás, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.)
VI
Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.
Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
Y cada primavera renacerán las rosas,
aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
Subscribe to:
Posts (Atom)