Wednesday, October 26, 2011
Saturday, October 08, 2011
Frases celebres de Francis Bacon
- "Algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos"
- "Debemos mucho a Maquiavelo y a quienes nos han mostrado lo que los hombres hacen, y no lo que deberían hacer"
- "Dios no ha hecho milagros para confundir al ateísmo porque basta con su obra diaria"
- "El argumento se semeja al disparo de una ballesta, es igual de efectivo dirigido a un gigante que a un enano"
- "El dinero es como el estiércol: no es bueno a no ser que se esparza"
- "El leer hace completo al hombre, el hablar lo hace expeditivo, el escribir exacto"
- "El requisito del éxito es la prontitud en las decisiones"
- "El tiempo es la medida de los negocios, como el dinero lo es de las mercancías"
- "Es triste condición tener pocas cosas que desear y muchas cosas que temer, y, sin embargo, tal suele ser el caso de los reyes"
- "La cabeza de muchas personas de alta estatura se parece a las casas; es decir, que el piso más alto es el peor amueblado"
- "La historia es la ciencia de los hechos"
- "La
historia hace a los hombres sabios; la poesía, ingeniosos; las
matemáticas, sutiles; la filosofía natural, profundos; la moral, graves;
la lógica y la retórica, hábiles para la lucha"
- "Las
democracias suelen ser más tranquilas y están menos expuestas a la
sedición que el régimen gobernado por una estirpe de nobles"
- "Las sospechas son entre los pensamientos como los murciélagos entre las aves, siempre echan a volar con el crepúsculo"
- "Los cocodrilos vierten lágrimas cuando devoran a su víctima. He aquí su sabiduría"
- "Los franceses son más inteligentes de lo que parecen y los españoles parecen más de lo que son"
- "No leas para contradecir o refutar ni para creer o dar por bueno, ni para buscar materia de conversación o de discurso, sino para considerar y ponderar lo que lees"
Wednesday, October 05, 2011
Pasión - Manuel Flores
¡Háblame! Que tu voz, eco del cielo,
sobre la tierra por doquier me siga...
con tal de oír tu voz, nada me importa
que el desdén en tu labio me maldiga.
¡Mírame!... Tus miradas me quemaron,
y tengo sed de ese mirar, eterno...
por ver tus ojos, que se abrase mi alma
de esa mirada en el celeste infierno.
¡Ámame!... Nada soy... pero tu diestra
sobre mi frente pálida un instante,
puede hacer del esclavo arrodillado
el hombre rey de corazón gigante.
Tú pasas... y la tierra voluptuosa
se estremece de amor bajo tus huellas,
se entibia el aire, se perfuma el prado
y se inclinan a verte las estrellas.
Quisiera ser la sombra de la noche
para verte dormir sola y tranquila,
y luego ser la aurora... y despertarte
con un beso de luz en la pupila.
Soy tuyo, me posees... un solo átomo
no hay en mi ser que para ti no sea:
dentro de mi corazón eres latido,
y dentro de mi cerebro eres idea.
¡Oh! por mirar tu frente pensativa
y pálido de amores tu semblante;
por sentir el aliento de tu boca
mi labio acariciar un solo instante;
por estrechar tus manos virginales
sobre mi corazón, yo de rodillas,
y devorar con mis tremente besos
lágrimas de pasión en tus mejillas;
yo te diera... no sé... ¡no tengo nada!...
—el poeta es mendigo de la tierra—
¡toda la sangre que en mis venas arde!
¡todo lo grande que mi mente encierra!
Mas no soy para ti... ¡Si entre tus brazos
la suerte loca me arrojara un día,
al terrible contacto de tus labios
tal vez mi corazón... se rompería!
Nunca será... para mi negra vida
la inmensa dicha del amor no existe...
sólo nací para llevar en mi alma
todo lo que hay de tempestuoso y triste.
Y quisiera morir... ¡pero en tus brazos,
con la embriaguez de la pasión más loca,
y que mi ardiente vida se apagara
al soplo de los besos de tu boca!
sobre la tierra por doquier me siga...
con tal de oír tu voz, nada me importa
que el desdén en tu labio me maldiga.
¡Mírame!... Tus miradas me quemaron,
y tengo sed de ese mirar, eterno...
por ver tus ojos, que se abrase mi alma
de esa mirada en el celeste infierno.
¡Ámame!... Nada soy... pero tu diestra
sobre mi frente pálida un instante,
puede hacer del esclavo arrodillado
el hombre rey de corazón gigante.
Tú pasas... y la tierra voluptuosa
se estremece de amor bajo tus huellas,
se entibia el aire, se perfuma el prado
y se inclinan a verte las estrellas.
Quisiera ser la sombra de la noche
para verte dormir sola y tranquila,
y luego ser la aurora... y despertarte
con un beso de luz en la pupila.
Soy tuyo, me posees... un solo átomo
no hay en mi ser que para ti no sea:
dentro de mi corazón eres latido,
y dentro de mi cerebro eres idea.
¡Oh! por mirar tu frente pensativa
y pálido de amores tu semblante;
por sentir el aliento de tu boca
mi labio acariciar un solo instante;
por estrechar tus manos virginales
sobre mi corazón, yo de rodillas,
y devorar con mis tremente besos
lágrimas de pasión en tus mejillas;
yo te diera... no sé... ¡no tengo nada!...
—el poeta es mendigo de la tierra—
¡toda la sangre que en mis venas arde!
¡todo lo grande que mi mente encierra!
Mas no soy para ti... ¡Si entre tus brazos
la suerte loca me arrojara un día,
al terrible contacto de tus labios
tal vez mi corazón... se rompería!
Nunca será... para mi negra vida
la inmensa dicha del amor no existe...
sólo nací para llevar en mi alma
todo lo que hay de tempestuoso y triste.
Y quisiera morir... ¡pero en tus brazos,
con la embriaguez de la pasión más loca,
y que mi ardiente vida se apagara
al soplo de los besos de tu boca!
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